
Dos cuerpos frente a frente
son dos astros que caen
en un cielo vacío. – Octavio Paz
son dos astros que caen
en un cielo vacío. – Octavio Paz
Si quisiera volver al principio diría que no tengo uno porque, aunque esté, ya no me lo acuerdo. Hace mucho tiempo que lo miro a él y que simplemente pienso. A veces hablamos pero de cosas que ninguno entiende porque para entendernos tenemos que regresar y no sabemos como, porque ya nos olvidamos. Muchas veces hablamos del cielo (porque ahí creemos que estamos) y no porque alabemos a un Dios si no porque el color celeste de este cuadrado infinito nos hace acordar a uno. Es de ese “cielo” de donde queremos escapar para volver a nuestro mundo, por así llamar al pasado. Creemos (y solo creemos) que queremos volver a un lugar rutinario, injusto, con gente arrogante y entonces, ¿porqué queremos volver? Suponemos que porque nos podíamos besar, porque a pesar de no acordarnos sentimos mucha atracción el uno por el otro. Pero acá, en este cielo, no nos podemos mover. Somos dos sombras negras que resaltan en un fondo celeste chillón. Somos dos cuerpos frente a frente, dos ¿personas? a punto de decirnos la verdad.
Empiezo a sentir algo que hacía mucho no sentía: el calor. Consecuentemente me sacó el buzo bordó. Al hacerlo siento como palabras, pero ahora con sentido, salen de mi boca y se deslizan cuidadosamente por mi cuerpo, mis pies, el fondo colorido, hasta llegar a los oídos de él.
-No me gustaba que no sacaras tu pie fuera de la cama en los días de calor.
Veo que él también comienza a sacarse la ropa y nos empezamos a desnudar no solo de cuerpo si no también de alma. Cada prenda es un reproche. Limpiamos las impurezas, nos hacemos sentir mal y bien para salir de la opresión, para volver al principio, para recordar, para ser nosotros… por fin.
-Si cocinaras mejor te querría más.- me dijo.
-No te importó que te pidiera que hagas algo para no quedar pelado.
-A vos te gustaba más leer que hacer el amor.
-No, vos preferías mirar una pelota antes que a mis tetas.
Y comencé a retroceder. Éramos tan chicos cuando nos conocimos, pero nos amábamos tanto. Todos los planes que habíamos hecho estoy segura que nunca los quisimos convertir en esto: tanta dependencia que nos obligó a olvidar, a perdernos para poder reflexionar y volver para cumplir nuestros verdaderos sueños. El sur, Europa, los dos hijos, la casa con pileta, el cuarto de piano y libros, la batería, el amor eterno. Claramente los sentimientos no cambiaron, volvíamos a ser aquellos adolescentes tirados en un cama proyectándose juntos y ya no más dos siluetas oscuras. Ya desnudos por completo, mirándonos de pies a cabeza redescubriéndonos empezamos a sentirnos mejor.
-Pero me gustaba acariciarte la barba.
-Y llorar de la risa.
Lentamente el celeste chillón se fue abriendo dejando dos agujeros debajo de cada uno de nuestros cuerpos.
-O de amor.
-De placer.
Cada vez más grande eran los agujeros, cada vez más me acordaba y ahora vuelvo a estar en nuestra cama de casados durmiendo abrazados. Pienso si la rutina ya nos comió o si está por hacerlo o si este episodio (¿sueño, pensamiento, realidad?) ayudará a que nunca pase. Tocó tu barba por las dudas y te doy un beso en la boca, para no olvidar nunca estos pequeños placeres mientras me vuelvo a dormir. (Te amo.)
No hay comentarios:
Publicar un comentario