Hoy me levanté con una imagen: nosotros dos, completamente desnudos, en tu cama. Teníamos todo el tiempo del mundo para darnos placer, vos a mi y yo a vos, sin nada más en el medio, despacio y en la dosis exacta. Yo te llenaba de besos suaves. Primero la mano, cada uno de tus dedos. Te recorría el cuello, la oreja, el pecho, te rozaba la boca y sentíamos cómo nos inundábamos de cariño. Te besaba los labios suaves, una, dos, tres veces mientras vos simplemente los abrías, hasta que no aguantábamos más y rompíamos en un beso totalmente apasionado. Pero te dejaba con las ganas y me iba al otro lado de tu cuerpo para repetir el ritual. Después bajaba a tus piernas, a tu ingle, y jugaba un rato por esa zona sin alejarme ni acercarme demasiado a tu sexo, y cuando las ganas terminaban por ganarme, lo chupaba. La parte de arriba, en círculos y hasta el fondo, en conjunto de mi mano acariciándolo. Y después te regalaba mi cuerpo, para que hagas lo que más te guste, rogando que tocaras y besaras cómo sabés mis pechos, para mirarte, encenderme y terminar uno dentro del otro, piel con piel, boca con boca, gemido con gemido.
Siempre con una nena mirándonos y un "gracias por venir" en la pared.
Tengo muchas ganas.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario