Iba dejando toda atrás y sinj embargo quería volver. Camina escuchando una música insporadora pero sin seguirle el ritmo. Piensa que es de ella en sus otras vidas, en que pensamientos en está y que le encataría ver una estrella fugaz. Cielo nublado, reflejado en su alma ... ¿Y si ella fuese esta inmensidad llamada cielo? Seguramente desde tan alta y amplia vista podría entender todo mejor. Ana va hacia el mar, apoya su pequeño bolso y se moja los pies, juega con el agua hasta reirse a carcajadas. A Ana le cuesta crecear pero sabe que a fin de cuentas es lo que le debe pasar. Ya no es más una niñita queriendo ganar la sortija de la calesita. Ahora tiene ansias de pensar por si misma, conoce el amor y el odio, sabe besar y su sexo tiene bello. Pero especialmente Ana sabe que ya no hay vuelta atrás por ese brillo especial que la rodea: lleva a alguien en su vientre. La irreversibilidad la angustia pero al mismo tiempo la obliga a ya no pensar solo por ella, ahora son dos. Tan solo sentarse en la orilla hace que Ana comience a llorar en silencio mientras que a estas lágrimas se las lleva el mar. Pero en la oscuridad de la noche se acerca una sombra aún más oscura gritando con paz su nombre. Ana mira y con tan solo ver su silueta, sin necesidad de palabras, entiende que a sus diecinueve años va a tener una mano que la guíe, un hombro para reir y llorar y amor para toda la vida. Al acercarse a él siente que era su destino y que va a aprovechar cada segundo de este. Se abrazan y besan apasionadamente mientras las nubes se van desvaneciendo. Hacen el amor como nunca sabiendo por primera vez que no es solo amor lo que los unirá ahora. Ahora y para toda la vida.
Me parece que te voy ganando y que te toca a vos. También me parece que te amo con toda mi alma y que me encanta escribirte. Chau mi amor
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