lunes, 8 de septiembre de 2008

Gra - cias


Desde que murió mi abuela ya no rezo. Extraño que si siga persignándome cuando paso frente a una iglesia, aunque pueda que sea la costumbre. Extraño también que me anime a escribir sobre esto porque prefiero ni pensarlo. Muchas veces hago como que no me duele, pero no hay un día que deje de pensar en eso y que el dolor oprimente y la duda me ataquen. Digo duda porque gracias a este hecho perdí la fe, y no solo en la religión (porque nunca supe si era verdadera) si no la fe en la vida, en la existencia. Cada vez pienso más en como sería morir, en cuan sola me puedo llegar a quedar, como algo tan lindo tiene que terminar.
Hubo un solo día que volví a sentirme viva después de este episodio (porque siempre se puede simular pero solo esa vez volví a sentir la euforia a flor de piel). Acompañaba a Fernando a su primer día de facultad. Primero en colectivo y después en subte. Pocas veces viajo en transportes públicos y, aunque haya gente por todos lados, es diferente observarlos acá. No hice más que mirarlos e imaginarme la vida de cada uno: parece feliz esperando a llegar a su casa con su hermosa mujer, este tiene cara triste porque no le debe gustar su trabajo. Pensar que cada uno tiene su propio sueño, su propio dolor, su propio amor y yo, egoísta, solo pienso en mí. Los observe a los demás, entonces, por primera vez me dí cuenta de muchas cosas: todo se movía y yo estaba quieta, estábamos muy lejos pero en algún punto éramos iguales. Salimos, caminamos, Fernando se fue, camine sola. Me perdí pero no me importó, me gritaban pero no me importó, me tome un taxi y me fui al gran cubo para consumidores (no esta de más aclarar que me considero uno). Y a consumir fui precisamente (será porque comprar nos hace pensar que llenamos por unos segundos el vacío). Pero me esforcé en adquirir solo cosas que me hagan feliz, que me llenen de verdad y para siempre. Librería. No hay nada más lindo que entrar en una a mirar detenidamente cada libro, a elegirlo bien y saber que esa noche voy a tener ganas de empezarlo bien tapada en mi cama. Así fue como pagué dos libros y me fui a leerlos a una mesa. De vez en cuando frenaba para irme al aire libre y fumarme un cigarrillo y ¿qué más lindo que matarte de a poco con algo que te da placer? Aburrida, mirando el cielo del Shopping me acordé cuando era chiquita e iba con mi mamá, vi los juegos que tanto me gustaban y que tan grandes me parecían y decidí que iba a comprarme una tarjeta y divertirme. Volví a sentirme una nena, pero una nena que podía caminar sola, tener plata y hablar por celular (aunque a pesar de esto seguía sintiendo vértigo cuando esperaba que empiecen a andar los juegos). Me subí a las montañas rusas sola y me reí a carcajadas. Sentí el vacío en el estómago que se produce en este tipo de juegos y me reí a carcajadas. Miraba a los nenes que estaban ahí, me baje, me subí de nuevo y volví a reírme. Inexplicablemente sentir el viento en mi cuerpo y saber que tenía una sonrisa en la cara me hizo pensar que, a pesar de que había muerto hacía pocos días, mi abuela estaba contenta por mí alegría momentánea. Me olvidé de todas mis preocupaciones y rogué poder vivir siempre con esa adrenalina en la sangre. Como todo, la plata también se termina pero finalicé mi estadía en el Abasto dándome el gusto de romper (como siempre) la dieta comiéndome una buena hamburguesa en Burger King (que es mejor que Mc Donalds).
Y a pesar de haberme saciado lo necesitaba a él, a su abrazo alentador, nuestras risas compartidas y unas lindas palabras de amor. Al fin y al cabo él es el que me hace revivir un poco cada día. Al fin y al cabo ahora es en lo único que tengo fe. Gracias.

1 comentario:

Camuflaje dijo...

Es bastante feo esto que escribí, pero lo había hecho cuando estaba muy triste y sentía que la vida realmente era injusta. No es que no lo siga sintiendo, fue un año bastante de mierda: nunca vi tanta muerte a mi alrededor y enfrentarme con ella cara a cara, saber que no voy a poder abrazar nuncá más a una persona que amo, sigue siendo y va a ser para siempre una sensación horrible. Solo hoy me dieron ganas de decirte que si me siento feliz y menos "vacia" que cuando escribí esto es porque todos los días me transmitís un poco de toda tu fuerza con tus besos, palabras y abarazos.
Te amo con toda mi alma mi amor, gracias.